Cooperativa Pascual
28 de Mayo, 2007
Nos atrevemos a publicar en nuestro espacio este interesante artículo que el Profesor José Remus Galvan, nos hizo conocer a traves del correo electrónico y que consideramos le puede interesar a quienes visiten.
Por José Remus Galván *
Nuestra Constitución, en su artículo 123, párrafo 1º. , reconoce que “se promoverán la creación de empleos y la organización social para el trabajo, conforme a la Ley ”, como obligación del Estado mexicano. El Convenio C168 de la Organización Internacional del Trabajo, adoptado por México el 20 de junio de 1984, sobre el fomento del empleo y la protección contra el desempleo, y el adoptado el 21 de junio de 1988, hace de interés público, por provenir de un tratado internacional, la promoción del empleo a través de la formación de cooperativas, y, por lo tanto, lo es el garantizar que en la ejecución de los laudos que se asegure la permanencia de las fuentes de trabajo a través de esas formas de organización.
En el actual mundo globalizado, donde el sector del trabajo es de los más castigados, resulta admirable que algunas empresas dirigidas por los mismos trabajadores sean exitosas y ejemplares. Hay varias dignas de mención y estudio; la fabricante de autobuses Irízar, de origen vasco y que cuenta con una planta en Querétaro, fue calificada en 2002 como la empresa más eficiente del mundo—a ella dedicaremos otro artículo.
En México existió una primera ley de Cooperativas, promulgada en 1938 por Lázaro Cárdenas; en 1994, durante el salinato, se promulgó la actual Ley General de Sociedades Cooperativas, de corte neoliberal pues homologó las cooperativas como sociedades mercantiles—cuando en realidad no son sociedades de capitales sino de trabajo, ¡mucha diferencia! Luego del auge de las cooperativas en México durante la primera mitad del siglo XX, y del abandono y corrupción que diezmaron el sector, en particular las de producción, conocemos la Cruz Azul , con un modelo más “empresarial”. Pero también la fabricante de refrescos Pascual—con un modelo más “sindical”, con mayor cohesión y democracia interna, amplia solidaridad
Pascual surgió como cooperativa en 1985, luego de una huelga de más de dos años, que además les costó dos muertos. Las plantas “Norte” (en Insurgentes, junto a la estación Potrero del metro) y “Sur” (en San Antonio Abad) y otros bienes (marcas y patentes) les fue adjudicada por la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, en pago de los derechos de los trabajadores. Pero esta adjudicación resultó incompleta, pues no les fueron transmitidos los derechos sobre los predios. Les entregaron una “planta en el aire”, por decirlo de manera entendible. Las instalaciones, máquinas, etc., son bienes inmuebles por destino, es decir que fuera de una línea de producción carecen de valor. La viuda del dueño original ha promovido, gracias a esa “omisión” de la Junta en 1985, la devolución de los predios (se habla de $800 millones) o el pago de las rentas de los inmuebles. Como es del conocimiento de la opinión pública, la administración anterior del gobierno del D.F. decretó la expropiación de los predios, atendiendo a la obligación del estado de proteger el empleo de miles de familias y al carácter de propiedad social que en realidad tiene esta organización. A fines de 2006, la Suprema Corte de Justicia calificó este diferendo como si fuera entre particulares, declarando nula la expropiación.
El contexto neoliberal debe verse en su amplitud, pues no solo la SCJN actuó desde esa posición: la Comisión Nacional del Agua otorgó a la Coca-Cola , en el sexenio de Fox (su anterior gerente) numerosos pozos de agua, vitales para la industria refresquera. Casualmente Pascual tiene pozos de agua en esos dos inmuebles y su pérdida acarrearía un serio problema de abasto del líquido, además de que esas dos bodegas están estratégicamente localizadas en el mercado más importante. La cooperativa, previsoramente, ha construido otras dos plantas muy modernas en San Juan del Río y Tizayuca, pero el golpe aún así sería muy grave. Por si no fuera suficiente, la Coca-Cola adquirió recientemente Jugos del Valle, competidor directo de Pascual en el subsector de aguas de frutas.
¿Qué hacer? Existe el temor en algunos de los “pascuales” de que reabrir el proceso original pondría en peligro otras reclamaciones que tienen de trabajadores que, cuando se formó la cooperativa en 1985, no quisieron formar parte de la misma; también algunas demandas sobre marcas y patentes. Un abogado sindical muy capaz y solidario ha propuesto una solución que no pone en peligro la resolución adjudicatoria original: simplemente solicitar a la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje que complete la adjudicación mencionada, otorgando a Trabajadores de la Cooperativa Pascual , S.C.L., la propiedad de los dos predios en litigio.
A fin de este mes cambia la directiva de esta empresa ejemplar. Ojalá que el nuevo Comité de Administración abra los ojos sobre esta propuesta sencilla y muy bien fundamentada. La supervivencia de Pascual es fundamental en el escenario político laboral mexicano.
Parafraseando a André Malraux: el siglo XXI será solidario o no será.
* Profesor integrante del Programa de Autogestión Cooperativa, Universidad Autónoma de la Ciudad de México
joseremus@hotmail.com
28 de mayo 2007